Además están los trenes
máquinas que inspiran un deseo tremendo de ser querido
angustia, no deseo
porque el comfort de los asientos
amplios e higiénicos
en sinergía con el silencio de los co-pasajeros
define el amor como algo incierto
quizá imposible de permear la oscuridad del rostro
que -reflejado en el doble vidrio laminado- se reconoce
como demasiado fóbico al paisaje natural y cultural.
Sin embargo,
alivia saber que los trenes son modernos
y funcionan
como puede funcionar cualquier intento
progresivo
estudiado
firme
de ser visto por otro.
21.10.09
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