Los cubos que se ierguen
quietos y titiritantes
por el miedo de que
la estrella
harta
del intento de informar
abandone el ansia
y se asuma por fin el viento de nada
donde no se huelen héroes
donde el reloj es aparente
y las máquinas no recuerdan nada
Pero ahí está,
sigue,
el niño juega con la guitarra verde,
de plástico
dentro del cubo cálido
de esperanza incomprensible
de saliva de costumbre
de algunos monstruos secretos
dentro del cubo que provee el multiplo
¿el falso multiplo?
20.4.10
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